por Diana
en 26 Junio, 2017
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“Unos minutos después de partir del campamento, a bordo de uno de los vehículos de safari, llegamos a nuestro destino. Aunque sabía que sería algo especial, la visión frente a la que nos encontramos me roba el aliento. Sacada de un cuento de hadas e iluminada por románticas lámparas de aceite se encuentra una mágica casa del árbol, cuya estructura de madera se eleva sobre plena sabana junto a un imponente árbol.

Antes de despedirse, el guía que nos condujo nos asegura que la casa es completamente segura y que no tenemos más que llamarlo por el radio si necesitamos cualquier cosa —esto, debo admitir, es bastante reconfortante considerando que estamos por pasar la noche completamente solos y rodeados de animales salvajes—.

Arriba nos espera una mesa para dos junto a una enorme cama con dosel y dos invitantes sillones. En la mesa se encuentra una canasta de picnic con un festín de tapas, así como bebidas, té, café y bizcochos.

La casa del árbol Chalkley en la Reserva de Animales Lion Sands junto al Kruger

Imagen de More Hotels

Tras recuperar las palabras abrimos una botella de champán y brindamos, embriagados ya por la mágica atmósfera. Mientras cenamos, la puesta del sol es acompañada por la serenada de incontables aves a nuestro alrededor y, aunque pocas visiones se comparan a un atardecer africano, lo mejor está por venir.

La casa del árbol Chalkley en la Reserva de Animales Lion Sands junto al Kruger

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Al caer la noche, el cielo resplandece con la luz de la luna e infinitas estrellas y, después de la cena, nos acurrucamos en un sillón para admirar el espectáculo celeste y dejarnos envolver por los sonidos de la naturaleza. A la distancia, el rugir de un león armoniza con el chirrido de los insectos y el rumor de los elefantes reverbera sobre el gorgoteo del río.

Es hora de dormir y nuestra cama nos espera con un suave edredón y un mosquitero para que nada perturbe nuestro sueño. Mientras tanto, el velo nocturno y una sinfonía salvaje me arrulla y, sin el más mínimo esfuerzo, caigo en el sueño más profundo que jamás he tenido.

La casa del árbol Chalkley en la Reserva de Animales Lion Sands junto al Kruger

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Antes del amanecer somos despertados por un coro de aves anticipando el inicio del día. A la luz de las primeras horas de la mañana la sabana vuelve a la vida y esta casa es nuestro asiento de primera fila para ver este milagro desenvolverse. Así que preparamos algo de café, más por hábito que por necesidad, y nos instalamos a disfrutar de la escena matutina.

La casa del árbol Chalkley en la Reserva de Animales Lion Sands junto al Kruger

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Ambos sabemos que se acerca el momento de partir, pero nos negamos a abandonar nuestra burbuja de felicidad. Antes de avistarla, escuchamos la Land Rover acercándose a la distancia. Abajo, nuestro guía nos espera para llevarnos nuevamente de safari con el resto de los huéspedes. “¿Durmieron bien?”, nos pregunta una vez en el vehículo, pero simplemente no encontramos las palabras. Decir “sí” parece insuficiente.

Dudo que exista un mejor lugar en el mundo para dormir o una mejor manera de experimentar la noche africana que una de las casas del árbol de la Reserva Privada de Animales Lion Sands. Y pensar que, con lo increíble que era nuestra suite en Ivory Lodge, por un momento creímos que quizá no valdría la pena (después de todo, esta experiencia no estaba incluida en el precio por noche). Afortunadamente nos decidimos a reservarla al último momento y fue la mejor decisión posible.

De todas las memorias que nos llevamos de Lion Sands, nuestra noche bajo las estrellas, en una casa de árbol como ninguna otra, solo nosotros dos, sin duda ha sido la más especial y una que espero volver a vivir muy pronto.”

Conoce más sobre la Reserva Privada de Animales Lion Sands aquí o lee nuestro blog Cinco destinos africanos para una luna de miel inolvidable para descubrir otros románticos lugares en África.